LETRAS 1

Hoy y siempre hemos escuchado la palabra Grafología compuesta por unas mismas letras, y hoy y siempre hemos traducido su significado en virtud de quien las haya pronunciado.

Los profesionales de la Grafología tenemos que lamentar –gran paradoja-, que ésta sea tan extraordinariamente atractiva y tan aparentemente fácil. Y sobre todo, a niveles superficiales, tan accesible.

Podemos y debemos, por tanto, hablar de dos versiones de la grafología, tan diferentes y dispares, que difícilmente ofrecen puntos en común, salvo el estar en pleno auge, porque ambas disfrutan de sus propios adeptos.

El de las dos Grafologías no es un tema grato, porque obliga a establecer diferenciaciones y a fijar posturas, generalmente, opuestas. Pero entendemos que es tema obligado, como especialistas en la versión silenciosa, máxime cuando disponemos de la ocasión, siempre gratificante, que nos brinda el encuentro periódico de las Jornadas.

Se emplea gratuitamente la denominación de Grafología para definir cualquier relación entre escritura y personalidad. Y, tal vez, la denominación de personalidad para definir cualquier peculiaridad personal en tiempo presente, pasado o futuro. Como conclusión lógica, encontramos que se está transmitiendo la idea de que a través de la escritura, puede obtenerse una información ilimitada e impune.

Es a ésta versión a la que quiero referirme en primer lugar, principalmente, porque tengo mucho más que expresar, porque es la versión ruidosa, la más conocida, la que llega a todos, la que lamentablemente se asocia al término Grafología.

Hoy disponen de su propia sección de Grafología los programas televisivos que hurgan en la intimidad (de forma consentida o no) de personas públicas y privadas, los programas de radio que pretenden tener “enganchado” al oyente hasta que le corresponda el turno para obtener algo de información a cerca de otros que inspiran su curiosidad, las revistas del corazón que amplían su información “científicamente”, o las demás, que a través de sus páginas más banales mantienen correspondencia con sus lectores a cambio del siempre efectivo servicio gratuito.

Pero no acaba aquí, no. Hay máquinas en las ferias, técnicas publicitarias realmente ingeniosas, libros de Grafología en los escaparates de las tiendas de brujería y en las secciones de esoterismo y ciencias ocultas de las librerías, cuyos responsables se reiteran en su capacidad de clasificación.

Encontramos titulares de prensa con aseveraciones espectaculares como milagrosas curaciones o descubrimientos de personalidades criminales, e incluso, en otras líneas, amplios reportajes desvelando libremente datos que pertenecen a la estricta vida privada de los demás.

En un anuncio por palabras de un diario catalán y en la sección titulada “lo que tu letra dice de ti” de una revista cuyo nombre dejo en el anonimato, he podido leer textualmente: “Si te interesa saber cómo es tu hijo, tu marido o tu jefe, envíanos también su letra…”

Interpreto que, si alguien desea obtener una información a cerca de otra persona, sobre sus sentimientos, sus inquietudes, sus virtudes o defectos, dispone de múltiples vías de acceso, a través de la radio, prensa o televisión, o si lo solicita, de un informe escrito, para entrometerse, junto a quien lo desee, en el sujeto pasivo que, confiadamente, dejó algo tan importante como es su propia escritura en manos de un posible ejecutor. Llegados a este punto, no podemos evitar ser escandalizados. No podemos evitar que nuestra actitud ante la Grafología, y muy especialmente ante los grafólogos, sea absolutamente negativa, ponernos en guardia y deducir que algunas personas tienen en su mano un instrumento perjudicial y que como apunté al principio –y entonces pudo parecer desproporcionado-, queda incontrolado e impune. Si ésta es la Grafología que se conoce, no deben extrañarnos la diversidad de manifestaciones que a diario tenemos que soportar, porque algunas de ellas son aplastantemente lógicas.

Si ésta es la que se divulga, la que se introduce en los hogares, sin dar oportunidad a la otra Grafología, no tenemos más opción que encajar deportivamente las alusiones y comentarios que genera.

A menudo comentamos entre compañeros, unas veces jocosamente y otras casi espantados, lo que se ha publicado, lo que nos han preguntado o con quien nos han confundido, sin que, a pesar de nuestra larga experiencia en situaciones bochornosas y comprometidas, lleguemos a acostumbrarnos a ellas.

Puedo citar algunas:

  • ¡Oh! Grafología ¡Que interesante! me encanta todo lo relacionado con la adivinación.
  • El grafólogo que sale en T.V. sabe cosas extraordinarias ¿Podría Vd. decirme la frecuencia sexual de …?
  • Una vez me dijo un grafólogo que fracasaría mi matrimonio y así fue.
  • ¿Cómo sabía aquel señor que soy una persona ingenua?
  • Ya que entiendes de “esas cosas” ¿podrías decirme que significa …?
  • Entonces… si me ves escribir ¿te enteras de todos mis secretos?
  • Si te traigo la letra de la chica que sale con mi hijo ¿me puedes hacer un buen informe?

Podría seguir. Tengo una extensísima colección de situaciones en las que he sentido una terrible pereza mental, porque hubiera necesitado horas, una gran capacidad de argumentación y un interlocutor superdotado, para desbaratar esa idea (siempre luchando contra la consecuente desilusión, transmitiendo en un tiempo récord, otra mucho menos fantasiosa y aburrida unas veces, y mucho menos creíble (¿) otras).

Sin embargo, puede parecer que todos estos comentarios son inocuos, que corresponden a personas únicamente mal informadas y no llegan a afectar los niveles profesionales. No, no es así. Tengo otra colección mucho más dolorosa:

  • Estudiante de Psicología: “En la primera clase en la facultad nos dijo el profesor: “Cuidado con la Grafología y cosas así…”, y aquello formó parte del comienzo de nuestra carrera como psicólogos…”
  • Un médico conocido: “Entonces (sonrisa maliciosa) decís los grafólogos que aprendiendo a escribir se cura el…”
  • Un abogado: “Quiero un informe donde certifiques que ésta es una personalidad criminal…”
  • Titular de prensa: “El fraude de la Grafología en la Selección de Personal”.

En éstas y otras situaciones similares no es pereza lo que sentimos, sino decepción profesional, porque quien así habla fue estafado cuando fue informado, e impotencia, porque a veces es tarde y demasiado costoso para ser reparado o porque no se dispone de medios para contactar con quien emite estas opiniones.

Pero siempre vale la pena intentarlo.

Siempre quedan recursos y, a veces, nos sorprendemos de su infalibilidad, como por ejemplo, apelar al llamado sentido común, hacer recapacitar a cerca de lo que es verosímil y lo que no; obligar a quien proceda en cada caso, a meditar sobre lo que está diciendo, y si le interesa (puede que sí y puede que no), invitarle a acercarse, conocer y profundizar en una Grafología mucho más transparente y científica, y por tanto, más inteligente y convincente.

¿Por qué silenciosa? Porque es simplemente un instrumento de trabajo de un sector profesional que no necesita “hacer ruido” para cumplir su cometido.

Porque la Grafología es sencillamente una ciencia auxiliar de otras, cuya función no esta relacionada con el espectáculo.

Porque el valor ético y personal de quienes la trabajan está por encima de sus necesidades de acaparación o envanecimiento.

Y porque la Grafología es un test, que nos permite adentrarnos en la persona y su confidencialidad la sacraliza.

Partiendo de trabajos siempre empíricos, fundamentados en la investigación y procesados a través de la estadística, se han establecido relaciones constantes entre las características individualizadas de la escritura y los elementos de personalidad y carácter de la persona que la realiza.

Así se comienza y de ahí se parte. Si efectivamente se ha demostrado que existe una relación entre un determinado aspecto comportamental, intelectual, volitivo, etc… común a una serie de personas, y una serie de rasgos escriturales que se mantienen igualmente comunes en ese colectivo, pudiendo calificarse éstos como relativamente peculiares o atípicos en el sistema escritural, y que a su vez, no aparecen o aparecen sus contrarios, en personalidades opuestas a las primeras, hay que rendirse ante la evidencia de que existe una conexión entre personalidad y esa manifestación libre del adulto que es la escritura.

Esto es lo que confiere el valor del test proyectivo a la Grafología. Y, por tanto, esto es lo que la convierte en un auxiliar específico e imprescindible de la Psicología o cualquier otra ciencia donde, en mayor o menor medida, sea necesario obtener una información a cerca de alguien cuya personalidad interesa.

Desde nuestro punto de vista, en la medida que esta información sea real y severa (condición básica), tanto más confidencial debe ser y tanto más respeto se debe a la persona analizada y a su analizador.

Posiblemente aquí esté la clave para comprender la gran diferenciación: el análisis superficial arroja una información superficial, de forma que no compromete ni a unos ni a otros, porque no hay motivos para ello. No implica ni complica, porque no profundiza; no ofende, porque siempre se enfoca hacia lo positivo (nadie exige una explicación coherente cuando es halagado); no yerra, porque generaliza y sobretodo porque ofrece datos que a nadie incomodan.

En cambio, cuando alguien requiere una información a cerca de su personalidad, en todas sus vertientes, fidedigna (digna de fe y crédito), profunda y con el ánimo de asumir sus conclusiones, no busca un análisis de las características descritas, sino el que pueda realizar un profesional.

Y hoy existen, también, profesionales de la Grafología. Podemos asegurar que hay un porcentaje importante de personas, provenientes de distintos campos profesionales y con el único fin de perfeccionarse en ellos, que utilizan las técnicas que la Grafología brinda para ampliar y cumplir sus funciones.

Hoy ya no se acercan los psicólogos con recelo ni incertidumbre. Cada vez son más numerosos los que incorporan las técnicas grafológicas en su sistema de diagnóstico y tratamiento. Ya se han convertido éstas en instrumento primordial, porque proporcionan una información fiel y completa de la persona, antes incluso de entrevistarse con ella, en diferentes momentos, estados anímicos y situaciones ajenas a la terapia y a las que de otra forma, el terapeuta no tendría acceso.

Hemos sido precisamente los psicólogos, los más interesados en la investigación de esta técnica proyectiva. Los que hemos impulsado los trabajos empíricos y hemos correlacionado esta prueba con otras ya tipificadas y aceptadas como válidas. Hemos sido, por tanto, los grandes beneficiados de sus resultados, porque hemos ampliado recursos en todos nuestros campos de aplicación.

Así, hoy, desde que el niño comienza sus andaduras en el largo camino del aprendizaje de la escritura, hay o debe haber un grafólogo cerca (maestro, profesor, pedagogo, psicólogo, parvulista, educador…) para, primero observar todas las garantías para que éste sea el adecuado, para que no se cometan errores de origen y éstos no den lugar a disgrafías o problemáticas que luego requieran reparación. Y si no se llegó a tiempo, para corregir, perfeccionar, ayudar, programar sistemas de agilización, desbloquear ante las resistencias o negativas y para resolver, en definitiva, cualquier problemática que el proceso de aprendizaje pueda generar.

Hoy, es imprescindible un grafólogo en toda Selección de Personal, donde a través de sus técnicas correctamente aplicadas, pueda, mediante una simple carta de solicitud, cribar aquellos candidatos cuyos perfiles sean coincidentes, a priori, con el hipotéticamente elaborado para el candidato ideal.

No es sólo un pulcro curriculum lo que permite seleccionar un empleado. Existen también los factores personales, que en cada caso, serán diferentes y específicos y cuya búsqueda, se convierte en el proceso más difícil y costoso de una selección si no se dispone de un sistema de agilización válido, anterior e independiente de la entrevista.

Esto no quiere decir que no se realice la obligada entrevista, sino que sólo se hace con las personas que han superado la primera fase de la selección o preselección. La Grafología volverá a ocupar un papel protagonista en el último momento, en la difícil situación de tener que “elegir” al definitivo. Entonces es cuando, tras las múltiples pruebas realizadas, se procede al análisis profundo y completo, que tanto ayuda a tomar la última decisión.

En los gabinetes de Recursos Humanos, se va progresivamente incorporando, junto al Psicólogo o en la misma figura, el grafólogo que mantiene una muda relación con los empleados, intentando conocerlos con fines siempre interesantes para ellos y para la empresa, desde el momento en que la información a cerca de sus capacidades y aptitudes, así como sus disconformidades o frustraciones profesionales, permite reacoplar las plantillas, ubicando a cada persona en el lugar pertinente y en virtud de su adecuación al puesto, lograr consecuentemente, un mayor rendimiento.

Hoy son los grafólogos los que están ocupando los puestos de Peritos Calígrafos en los Tribunales de Justicia. Hasta hace pocos años, la ley señalaba como Perito a Bibliotecarios, Archiveros y Licenciados en Filosofía y Letras, tuvieran o no conocimientos sobre la materia, porque no existía la profesión específica del Perito Calígrafo. Afortunadamente, en la ley no interfiere la otra versión de la Grafología.

Afortunadamente, no tiene muchas ocasiones de enfrentarse con aficionados y hoy se empieza a exigir la imprescindible (y en este caso, si cabe, con más autoridad) profesionalidad del Grafólogo, porque es él quien está auxiliando a un Juez, para que éste cumpla su función sin error.

La responsabilidad del Perito no tiene límite ni excusa. No hay razón que justifique la negligencia o el error por falta de preparación o porque se trivialice su contenido. Hoy, pues, no se admite otra posibilidad.

Hoy se incorporan los conocimientos de Grafología a la Medicina. Ya encontramos especialistas en Grafología en hospitales y clínicas ayudando al diagnóstico, como instrumento de seguimiento de un tratamiento clínico o incluso como terapia independiente de aquellas enfermedades cuyos síntomas psíquicos y fisiológicos cursan formando círculo.

Y esto ha sido posible gracias a la constante investigación de esos elementos gráficos detectados y tipificados en las escrituras de determinadas personas aquejadas de diversas dolencias. Y gracias a la calidad humana y al cientificismo de quienes, partiendo de hipótesis que pudieron surgir de la casualidad o de curiosas inquietudes en un principio, han tenido perseverancia y han llegado a establecer como válida una de las ramas o aplicaciones de la Grafología que mayor servicio puede prestar.

Hoy hay grafólogos, en definitiva, en todos aquellos campos profesionales donde el conocimiento de la persona sea necesario. Es por ésto que los campos de aplicación de la Grafología pueden llegar a entenderse como ilimitados.

Sin embargo, y en ésto quiero hacer especial énfasis, es ineludible obligación del grafólogo conocer sus propias limitaciones técnicas (las propias y las de la Ciencia), tanto como sus aplicaciones, entender unas u otras en su justa medida, no excederse en su cometido y ocupar con dignidad el discreto lugar de auxiliar de otras ciencias, para el cual fue en su origen concebida.

Y dadas las circunstancias que nos han ocupado en la primera parte, aún estamos obligados a cumplir más requisitos, especialmente éticos. No importa el silencio, nuestra función no es pública. No importa que los aplausos o el oropel se lo lleven precisamente quienes han optado por la vía fácil, nuestra función es dar un servicio. Pero sí nos importa ser confundidos y ser objeto de críticas (aunque no estén bien fundamentadas) de quienes, como apuntamos en algún momento, no han sido bien informados.

Nuestra grafología está ya ocupando el lugar que le corresponde. Su silencio es oído donde procede y cada día son más los profesionales que desean seguir en una loable línea de trabajo, ya sea investigación, docencia, grafoanálisis, grafoterapia, pericias, selección, relaciones públicas, criminología, clínicas, etc… siempre intentando avanzar, perfeccionar y dejar esta ciencia que tanto nos apasiona, en el lugar más alto, el que realmente le corresponde.

Ponencia extraída de la publicación de las
“V Jornadas de Divulgación de la Grafología”
Presentada por Mª Teresa García Navarrete