La investigación del delito relacionado con “lo escrito”.

Salvo aquel que imitó la firma de su padre en las notas del cole, y reparó en el poder delictivo de… un bolígrafo, pocos se han parado a pensar que pudiera haber todo un mundo profesional a ambos lados de la falsificación.

Hasta que no ocurre algo que nos pone en contacto con esta realidad, no se puede llegar a sospechar que la escritura puede ser utilizada como instrumento del delito, como agente de la estafa, la falsificación o la coacción. Y mucho menos que existan expertos en descubrirlo.

De hecho, no conozco a nadie que desde su infancia tuviera vocación de Perito Calígrafo.

Si se trata, sin embargo, de una nueva profesión no es por una reacción tardía de los canales de investigación, sino por la reciente (si pensamos en la longeva historia del crimen) incorporación del gesto escrito a la cultura popular.

Hace años no se falsificaban tantas firmas como ahora porque, sencillamente, no se firmaba con la misma asiduidad. Y se negaba menos la autoría de éstas porque había menos impagados. O se manipulaban menos los documentos porque se disponía de menos medios para ello.

Y hace unos años más, no se amenazaba por escrito porque no se sabía escribir.

Lo cierto es que la primera vez que oímos hablar de la profesión de Perito Calígrafo actuamos como si fuésemos sus descubridores: nos muestran el inicio del ovillo y se desata la imaginación. Tomamos contacto con la propia vulnerabilidad, reparamos en medidas de seguridad nunca sospechadas y se despierta la curiosidad por la metodología para llegar a detectar la mano autora y sus mecanismos de actuación. Es una profesión viva, que nos reta en cada ocasión a un pulso entre quien urdió la trama y la clave para descubrirla, comprenderla y demostrarla. Una disciplina que exige cualidades de observación, deducción y paciencia en la primera etapa de la investigación y habilidades de expresión y convicción para hacer comprender que el hecho de que dos firmas sean iguales no implica, necesariamente, que hayan sido realizadas por una misma mano.

La Pericial Caligráfica, en definitiva, es un elemento probatorio imprescindible para dirimir controversias, encontrar autores materiales de escrituras en conflicto y asesorar a quien lo requiera, siendo éste un juez cuando de un proceso judicial se trate.

El perito no acusa, ni defiende, ni juzga. Sólo informa, desde la lealtad y la independencia, acerca de una verdad a la cual ha llegado a través de su análisis.

Creo que tenemos una función de altísima responsabilidad pero privilegiada.

Mª Teresa García Navarrete
Directora del Instituto de Estudios Psicografológicos
y del Instituto IDAUMA