Ponencia extraída de la publicación de las
"VI Jornadas de Divulgación de la Grafología"
Presentada por Mª Rosario Villagrasa Ballester
Diversos son los factores que influyen de forma decisiva en el aprendizaje de la escritura del niño, y que condicionan su calidad; y uno de los más importantes el de las posturas que, cuando son inadecuadas, difícilmente se pueden superar una vez adquirido el hábito que dicha dificultad trajo consigo, repercutiendo directamente en la calidad de su escritura.
El desconocimiento, o la equívoca información adquirida a cerca de ellos, así como la incorrecta adaptación en el niño, hacen que una vez adquiridos sean difíciles de superar por sí solos o sin recurrir a técnicas adecuadas.
Reflejaremos hoy aquí los más significativos por repercutir directamente en el caso particular que vamos a presentar, destacando la importancia que la correcta colocación del papel, y su relación con la posición de la mano tienen, permitiendo obtener una escritura de calidad. Recordemos que entenderemos por CALIDAD ESCRITURAL, aquella letra que reúne los tres parámetros fundamentales que la definen: Legibilidad – Agilidad – Personalidad.
En la mayor parte del ámbito escolar, desde las primeras edades, se impone al niño mantener el papel recto (vertical) frente a él, forzándole a adoptar una postura tensa que le obliga a crispar el hombro induciéndole a continuos desplazamientos del tronco para lograr un movimiento de progresión adecuado.
Presentamos a continuación un caso particular correspondiente a un joven de 13 años, con historial académico y personal óptimo. Su dominancia lateral es diestra homogénea, existiendo correcta coordinación oculo-manual. Acude a consulta preocupado por la CALIDAD de su escritura puesto que viene recibiendo continuamente las recriminaciones de sus profesores, lo que llega a afectarle notablemente a nivel emocional, llegando incluso a rechazar cualquier tarea escritural.

Escritura inicial |
La evolución de la escritura es inadecuada para su edad, anclada, en el momento de la primera toma de muestra escritural, en la etapa Caligráfica infantil, con marcados rasgos de torpeza e inseguridad. Por la edad del joven, y su desarrollo escolar, esta etapa debería haber sido superada con anterioridad, dejando fluir rasgos de agilidad, simplificación de formas y personalidad.
Las grafías se realizan mayoritariamente de forma desligada, una a una, manteniendo gestos de arranque propios del modelo caligráfico aprendido.

Escritura inicial |
Aparecen torsiones, dudas y vacilaciones en la formación de las grafías, como se puede apreciar especialmente en la palabra “estado” y enlaces forzados en el grupo “el” de la palabra “abuela”. Mantiene gestos de ida y vuelta en los óvalos que forma la letra “a”.
La visión de conjunto es inarmónica, mostrando un escrito falto de seguridad y equilibrio, con margen derecho irregular y líneas fluctuantes.
Se aprecia gran diferencia entre el inicio del texto, y el resto del escrito, siendo muy significativo el gran control que existe en el inicio de la primera línea: “Me han invitado…”, tratando de guardar las formas, apareciendo rasgos comprimidos y presentando al mismo tiempo, diferencias en cuanto al tamaño e inclinación de la letra con respecto al resto del texto.
A partir de la palabra “apartamento”, es cuando el joven ya no está pendiente de la forma, sino del contenido del texto, desapareciendo el control y dejando fluir libremente su escritura. Es a partir de este momento cuando va apareciendo el deterioro gráfico (ofreciendo entonces, su escritura real), aportándonos la información necesaria para abordar la dificultad del joven.
Desde sus primeros años de estudiante, al escribir posiciona la mano derecha incorrectamente, situándola en forma de gancho. Esta posición obliga a la muñeca a hacer un giro sobre sí misma, ubicándose de esta forma por arriba de la línea escrita, dificultando el movimiento natural de progresión de izquierda a derecha e impidiendo la correcta formación de las grafías y la agilidad en su ejecución.

Al profesorado le llama la atención ese modo “peculiar” de escribir del joven, pero nadie hace nada por solucionarlo. Lo más significativo es que el profesorado no asocia la posición de la mano, con el deterioro de la escritura. Este demanda, repetidamente, la mejora de su escritura, recomendando una y otra vez el uso de caligrafías que no solucionan, en ningún momento, la dificultad del joven. A pesar de ello las repite constantemente de forma mimética, pensando que con la práctica lo podrá conseguir.
Al abandonar la caligrafía y escribir de forma espontánea, de nuevo aparece su propia letra, quedando confirmado que los trabajos de caligrafía no son la solución correcta para superar la dificultad, ya que no se trabaja sobre la escritura del joven, sino sobre la repetición de un modelo impuesto.
Cuando un niño, joven o adulto, realiza este tipo de tareas, está reproduciendo, dibujando o copiando lo que otro u otros han escrito, pero en ningún caso estará realmente escribiendo.
Tras el estudio de las deficiencias se desarrolla un programa de trabajo de diez sesiones, distribuidas semanalmente y con una hora de duración por sesión.
DESARROLLO DE LAS SESIONES
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Tres primeras sesiones: se trabaja la colocación adecuada del papel y la correcta posición de la mano.
Se sitúa el papel inclinado hacia el lado izquierdo, quedando en paralelo con el antebrazo derecho, y la mano en posición por debajo del escrito, permitiendo seguir la progresión del escrito correctamente.
La postura se modifica, desapareciendo la crispación del hombro y la torsión del tronco, levantando la cabeza manteniendo una postura más relajada.


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Quinta sesión: se eliminan gestos de arranque innecesarios. Crea enlaces que le son útiles y agrupa la letra según sus necesidades.
La influencia escolar le obliga a detenerse en un margen derecho erróneo, haciendo que se muestre grande e irregular, interrumpiendo las palabras sin necesidad de hacerlo, porque tiene espacio suficiente para completar la palabra dentro de la línea.
Aparece un aumento generalizado del tamaño de la letra debido a la falta de control sobre su ejecución.

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Sexta sesión: Modifica el margen derecho y se trabaja la distribución del texto dentro de la página.
Va ganando claridad apareciendo al mismo tiempo rasgos más ágiles. Comienza a variar la inclinación de crestas y pies, especialmente hacia el final del escrito.
Varía la firma incorporando grafías modificadas y liberándose del gesto envolvente de la rúbrica.




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Décima sesión: la escritura se consolida pudiendo observarse los tres parámetros escriturales que denotan la CALIDAD ESCRITURAL: Legibilidad, agilidad y personalidad.
A partir de este momento se recomienda la adquisición personalizada de un buen sistema de abreviaturas que le permita la toma de apuntes agilizando los mismos.
Se realiza una nueva toma de muestra escritural transcurridos dos meses con el fin de comprobar el afianzamiento de la letra.

Agradecemos la colaboración de Pablo al permitirnos exponer públicamente el desarrollo de su modificación escritural, contribuyendo a que estas investigaciones sirvan en un futuro próximo para seguir ayudando a jóvenes con su misma dificultad.
Estos resultados tan favorables no hubieran sido posibles, de forma tan rápida, sin el interés y trabajo de Pablo, participando activamente tanto en las sesiones presenciales, como en las tareas realizadas desde casa a lo largo de la semana.